(Por Miguel González, enviado especial a Las Varillas, prov. de Córdoba) Le
brillan los ojos a María Rosa cuando cuenta la historia, que es su historia y
la de cientos de cordobeses que vivieron la agonía y la muerte de Industrias
Metalúrgicas Zanello. "Fueron dos años de agonía, de cobrar migajas, de
ver caer nuestros sueños. Hasta que un día llegó la muerte", dice María
Rosa. Para Zanello, la muerte llegó en la forma de un dictamen judicial que
sentenciaba la quiebra de la empresa que había nacido como una herrería
modesta, en los años 50, y que Luis y Carlos Zanello convirtieron en un
orgullo de la industria argentina desde principios de los 70. Fue en setiembre
del año pasado y cuentan los que vivieron esos días que los obreros lloraban,
sobre el portón del acceso principal a la fábrica, mientras los dueños
estaban desaparecidos sin aviso y los oficiales de Justicia pegaban las fajas de
clausura.
María Rosa termina de servir el café en el "aulita", una dependencia
de la administración de Zanello en la que Alberto Morero y Fabián Bustos,
supervisor de ventas y jefe de personal respectivamente, acaban de presentar la
nueva etapa de Zanello, que ahora se llama Pauny S.A.. Es la hora de la
resurrección, posible porque la nueva sociedad recibió una autorización del
juez de la quiebra para operar la planta durante dos años, plazo luego del cual
deberán adquirirla.
"Empezamos a funcionar el 3 de enero", dice Bustos, que hasta setiembre era un simple obrero de la planta. Bustos es una de las cabezas visibles de la Cooperativa de Trabajadores de la ex Zanello, que posee un 33% de Pauny, la nueva sociedad que se hizo cargo de la planta. Otro porcentaje igual tienen los supervisores y ex directores de Zanello, entre los cuales figura Raúl Giailevra, el nuevo gerente general, o "Zanello 3", como lo conocen, porque era el número tres en la jerarquía de la antigua sociedad, después de los propios hermanos Zanello. Y un 33% tienen también los concesionarios de la marca, entre los cuales figura IndAgro, una empresa rafaelina que nació bajo el impulso de Carlos Canavesio y Carlos Paludi, quienes organizaron una visita guiada a la planta de Las Varillas para algunos periodistas rafaelinos, entre los cuales estuvo representado CASTELLANOS. El 1% restante es de la Municipalidad de Las Varillas.
El día de reinicio del trabajo en la planta de Las Varillas no fue una cita casual. Miles de empresas de todo el país, ese mismo día, no sabían qué podía pasar con su propio futuro, mientras el país virtualmente "quemaba" presidentes y la Convertibilidad asistía a su agonía terminal. Justo en ese momento, los hacedores de la resurrección de Zanello daban los primeros pasos para la reactivación.
Las buenas épocas
La planta de Zanello ocupa 160 mil metros cuadrados cubiertos, en unas cuatro manzanas de Las Varillas, ubicadas al Este de la ciudad. Varias calles internas testimonian el crecimiento de la planta, que se fue extendiendo sobre el entramado urbano de esta localidad cordobesa de 15 mil habitantes. En las naves trabajan actualmente unos 160 obreros, más de la mitad de los cuales fue contratado en el marco de los planes de asistencia social, tipo Jefes de Hogar o Trabajar, aunque unos 60 son obreros asociados a la Cooperativa. Sin embargo, los empleados pasan casi inadvertidos en medio de tanta maquinaria: la planta está trabajando apenas en un 10-15% de su capacidad instalada.
Para el Ing. Martínez Sacco, lo más importante es que la empresa ha vuelto a trabajar. "Cuando se decretó la quiebra, nos quedamos adentro de la fábrica. Había que cuidar que no se llevaran nada", dice. Morero, más extrovertido, recuerda que en esos tiempos el personal cobraba sus sueldos "hasta con bolsones de mercaderías".
Todo, menos el motor
Con excepción de la motorización -aportada por Cummins, tradicional proveedor de Zanello-, y los neumáticos, los tractores de la marca que ahora produce Pauny S.A. se hacen íntegramente en Las Varillas. Hay 120 equipos con control numérico y una tecnología absolutamente moderna dentro de lo que es la industria nacional. Desde el plástico de los capots hasta las cajas de potencia se construyen íntegramente en la planta.
Morero, supervisor de ventas, sostiene que ahora el objetivo de la producción es trabajar exclusivamente con los tractores y motoniveladoras, aunque podrían comenzar a fabricar pronto palas frontales. "Queremos restituir la imagen de comercialización, que en los últimos años se había deteriorado mucho. Cumplir con los concesionarios y con los clientes", sostiene. Los frutos ya comenzaron a verse: se están produciendo unos 20 tractores mensuales y las expectativas van en aumento, porque ahora los Zanello son los tractores más baratos del mercado: uno de los modelos más chicos cuesta unos 70 mil pesos, contra los 50 mil dólares que valen los importados del mismo tipo.
La noche anterior a la visita de los rafaelinos, los obreros habían trabajado hasta la madrugada para terminar un tractor articulado -marca registrada de Zanello- que será expuesto en Palermo, y terminaban los detalles de otro, listo para venir a la concesionaria IndAgro, de Rafaela, que ya fue vendido a un productor de la zona de Aldao.
Los nuevos Zanello tienen mejoras en sus sistemas hidráulicos, han sido modernizados en su diseño exterior -la típica trompa cuadrada fue redondeada, para adecuarla a los tiempos modernos- y tienen otros desarrollos en el equipamiento de cabina. "Se pueden comprar hasta con bonos provinciales", dice Fabián Bustos, que hace un año era un operario común que ni siquiera imaginaba que iba a estar haciendo publicidad de los tractores Zanello y hoy se ha revelado como un excelente jefe de personal, según los nuevos directivos de la firma. Para todos, es un renacer que se construye día a día.