Uno de los padres de la Constitución de 1853, Juan Bautista Alberdi,
advertía en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay sobre el
imperialismo de Brasil. Hasta hace poco persistía el recelo ante un supuesto
aluvión de productos brasileños, favorecidos por la devaluación del real, en
1999.
La depreciación del peso provocó que dos compañías de Brasil, la cervecera
Ambev (Brahma) y la petrolera Petrobras invirtieran en la compra del 37,5% de
Quilmes y del 58% de Pecom Energía (Perez Companc), respectivamente, US$ 3528
millones, casi el doble de lo que desembolsaron las compañías de ese país en
los ocho años anteriores. Funcionarios y empresarios argentinos lamentan la
venta de compañías nacionales, pero confían en que la inversión brasileña,
en lugar de suponer dominación, contribuirá a la integración del Mercosur y a
su proyección internacional.
Unos fabricantes de medias de San Pablo cerraron hace más de cincuenta años su
planta allí y se mudaron a la Argentina. Por aquella época llegaron algunas
inversiones del gigante sudamericano a los sectores textil y alimentario. Más
tarde se instalaron compañías de transporte aéreo y terrestre.
En los noventa, pese a la apertura económica de la Argentina y a la creación
del Mercosur, Brasil ocupó el noveno lugar en la tabla de inversores
extranjeros, por debajo de Chile. Arribaron principalmente inversiones de
Estados Unidos, España y otros países europeos.
En la década pasada, los capitales llegaron atraídos por la convertibilidad y
por el mercado interno de mejor poder adquisitivo de América latina. La
devaluación del 72% del peso cambió este año aquel esquema de negocios.
A la disminución de los flujos de inversiones de los países centrales a los
emergentes a partir de la crisis asiática (1997) se sumó la incertidumbre
política, económica y jurídica en la Argentina. Pese a que los activos se
abarataron, en algunos casos hasta la mitad de su precio en dólares, pocos
deciden invertir en la Argentina. Ni extranjeros ni nativos. Sólo están
llegando con fuerza los capitales del socio mayor del Mercosur.
Las nuevas inversiones brasileñas se han destinado a los dos sectores más
atractivos para el inversor: alimentario y petrolero. Pecom exporta mucho más
que Quilmes, pero ambos cuentan con fuerte presencia sudamericana. Ambev y
Petrobras obtuvieron con sus adquisiciones lo que buscan: una mayor dimensión
regional. Antes de estas compras, sólo una de las cien mayores empresas
argentinas tenía capital verde-amarelo: la siderúrgica Acindar, controlada por
la familia local Acevedo y la brasileña Belgo Mineira (filial de la
multinacional Arbed). Ahora son tres.
La convertibilidad encarecía los activos argentinos hasta niveles prohibitivos
para los empresarios brasileños. Ahora encuentran valores similares a los de su
país en manos de argentinos o extranjeros que afrontan deudas excesivas.
Además, los hombres de negocios de Brasil siempre habían considerado que el
uno a uno argentino era un disparate y confían en que la devaluación del peso
traerá los mismos beneficios que les reportó la depreciación del real.
Los empresarios vecinos habían privilegiado entre 1994 y 2001 los sectores
petrolero (US$ 521 millones), financiero (US$ 433 millones) y químico (US$ 391
millones). La estatal Petrobras, cuya mayoría accionaria cotiza en Bolsa, se
quedó el año pasado con Eg3.
La principal apuesta financiera fue la del Banco Itaú, que comenzó a abrir
sucursales en 1995. "El ingreso de capitales de la década del 90 fue
provocado principalmente por las atractivas tasas de retorno financiero, con
riesgo bastante acortado durante prácticamente once años", recuerda el
consultor Edgard von Hartenstein, titular de SJ & Asociados y docente en el
IAE, la escuela de negocios de la Universidad Austral. "La Argentina
ofrecía el pago de altos intereses en dólares. Eran inversiones más
especulativas que productivas."
En petroquímica, Petrobras figura como accionista de la Compañía Mega,
propietaria de una planta de separación de gas natural en Bahía Blanca. Con la
compra de Pecom, sumará el 40% de Petroquímica Cuyo. En la industria química,
la brasileña Estelar invirtió US$ 60 millones entre 1998 y 2000 en una
fábrica que sintetiza aditivos alimenticios.
El gigante sudamericano había invertido US$ 267 millones en alimentos y bebidas
antes de la entrada de Ambev en Quilmes. Precisamente, Brahma invirtió entre
1995 y 1998 US$ 220 millones en su planta de Luján. Este año desembolsará US$
30 millones más. "Nuestra apuesta siempre fue al mercado local y la
expansión regional", afirma el director de Brahma Argentina, Carlos
Bembhy, que reconoce que la devaluación del peso dejó a la fábrica local en
igualdad de condiciones con las de Brasil.
Venidas... e idas
En los noventa también llegaron las alimentarias Arisco y Sadia. Este último
frigorífico decidió este año cerrar en la Argentina la planta de
fraccionamiento de las carnes de cerdo y pollo importados de su país de origen.
No todos los brasileños hacen negocios por estas latitudes.
La fabricante de indumentaria Hering cerró a principios de año su cadena de
cinco locales. Sin embargo, planea volver en el invierno de 2003.
La crisis del mercado local también retrasó las remodelaciones de las
estaciones de Eg3. Las aerolíneas TAM y Varig redujeron la frecuencia de sus
vuelos a la Argentina. La compañía de ómnibus Pluma recortó a la mitad sus
viajes. La constructora Odebrecht, que sufrió la congelación de los peajes del
Acceso Oeste, puso el freno a sus inversiones en el país.
Además de Ambev y Petrobras, otras empresas brasileñas están apostando este
año por la Argentina. La autopartista Sabó acaba de anunciar una inversión de
US$ 1,5 millón. La cadena de comida árabe Mister Sheik instalará tres
locales. La minera Vale do Rio Doce estudia proyectos de oro y cobre. José
Hawilla, zar del negocio televisivo brasileño, intentó infructuosamente
quedarse con Azul TV.
American Plast, filial argentina de Dixie Toga, ha dejado de importar de Brasil
los vasos para McDonald´s Argentina y este año comenzó a fabricarlos en su
planta de Vicente López. Tras una capitalización de su casa matriz para sanear
la deuda, American Plast acentuó sus exportaciones a Paraguay y descubrió
nuevos clientes en Chile y Siria.
Las inversiones brasileñas antes se concentraban en el mercado argentino, pero
ahora también piensan en las exportaciones a su país y a otros destinos.
"La inversión brasileña de hoy es más saludable. Es capital productivo
que enriquecerá a nuestro país con su tecnología", se entusiasma Von
Hartenstein. Considera que la Argentina no sólo atrae por las materias primas,
sino por la competitividad que la industria forjó tras once años de apertura
económica.
El analista Raúl Ochoa, titular de Ecosur Consultores y ex secretario de
Comercio Exterior, considera que los inversores brasileños están interesados
en la complementación industrial. La Argentina cuenta con ventajas comparativas
en cueros, calzado y muebles, según Ochoa.
El titular de la Cámara de la Industria del Calzado (CIC), Carlos Bueno,
reconoció que una Pyme fabricante de zapatos finos está siendo codiciada por
una empresa de Brasil, uno de los dos países de mayor producción mundial en la
materia. "Hasta diciembre, sus productos estaban destruyendo nuestra
industria. Desde enero vienen a comprar nuestra producción por la calidad, los
recursos humanos y las marcas", comenta Bueno. Von Hartenstein observa que
la mano de obra argentina siempre estuvo mejor capacitada y ahora es más
barata.
El gigante sudamericano, una de las diez mayores economías del planeta,
pretende convertirse en un actor regional de mayor envergadura para estar
preparado para el Area de Libre Comercio de las Américas o un acuerdo con la
Unión Europea (UE). "Hay que ser grande para enfrentar la competencia de
compañías norteamericanas o europeas", explica Ochoa. Las empresas
argentinas, a su vez, conseguirán escala en manos de las brasileñas.
El presidente de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), Jorge Di Fiori, opina
que los empresarios brasileños están apostando al futuro argentino, pero
advierte que "también están escapando a su país", donde la
situación financiera se complica cada semana a medida que se acercan los
comicios presidenciales de octubre. Un dirigente del Movimiento Industrial
Argentina (MIA, liberal) considera que la avanzada brasileña puede resultar
beneficiosa "si se trabaja en forma conjunta", o perjudicial si llega
"con bríos imperialistas". En cambio, un directivo del Movimiento
Industrial Nacional (MIN, proteccionista) la califica de positiva: "Nos
vendrá bien contagiarnos de su cultura industrialista".
Mayor integración
El titular de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Manuel Cabanellas,
considera que la nueva oleada inversora contribuirá a la integración.
"Antes temíamos una invasión de sus productos, pero nunca se dio",
apunta Cabanellas. Desde 1995 que la balanza comercial bilateral siempre
favorece a la Argentina.
En el gobierno de Eduardo Duhalde prefieren evitar una opinión sobre la nueva
inversión brasileña. El secretario de Relaciones Económicas Internacionales,
Martín Redrado, sólo comentó que la Argentina está interesada en una
integración productiva con Brasil basada en la especialización y la creación
de una cadena de valor que sirva de plataforma para exportar al mundo.
Las empresas brasileñas llegan con otra cultura de negocios. "Brasil tuvo
una colonización distinta. Fue sede de un imperio", opina Von Hartenstein.
"Sus empresarios no rinden culto al dólar. La Argentina es una extensión
de ellos", añade.