Y, así, cuando comienzan, uno no sabe si es una simple toma de ganancias puntual o si empieza un nuevo período, de cambio de tendencia, frente a la avalancha de una oferta importante desde EE.UU.
La cuestión puede ser vista así. La taza está llena. Es posible que la espuma del café esté en baja. ¿O es el nivel del café el que cae?
Cuando los operadores se largan a vender, es difícil saber cómo seguirá la película.
Resulta razonable estimar que, de en un momento a otro, la tendencia negativa se hará presente. Y para quedarse un buen tiempo.
Pero hay obstáculos en la reversión.
Las considerables demoras en la cosecha de EE.UU. en gran parte por las lluvias tienen a los chacareros del norte en vilo y los perjuicios por heladas son, por ahora, un fuerte soporte en los precios internacionales.
Las lluvias siguen pegando duro. Y los peor (¿o lo mejor?) es que los pronósticos no son alentadores: más precipitaciones y más frio. Algo inusual.
La cosa no termina acá. La demanda internacional sigue firme.
Un fenómeno que no deja de sorprender es el recorrido negativo del valor de dólar respecto a monedas como el euro y las divisas de los principales países asiáticos, que acentúa el poder de compra de los países importadores del complejo sojero.
El dólar ya ha perforado el nivel psicológico de 1,50 por euro, por primera vez en más de un año. Hay coincidencia en que bajaría a 1,55 al finalizar este año.
Por estos parajes, la siembra de soja ya se ha largado. Se calcula que la superficie para la Argentina será récord. Algo así como 19 millones de hectáreas.
Pero como todo sabemos esto no es para festejar pues el aumento se hace en desmedro de la sustentabilidad y bajo la presión de una política (des-política) agropecuaria en contra de los intereses del país en términos estratégicos.
Es la política del oportunismo que sólo mira el corto plazo. El hoy.