Natalie Traverso V

Que en Chile se investiga, no hay duda. En universidades y centros públicos y privados, hay científicos que experimentan y buscan respuestas. Lo que no es tan claro, al menos en el agro, es cuánto de lo que investigan llega a ser usado.
"En Chile, hay investigación y tecnología de puntra, pero existe un déficit de transferencia tecnológica que hay que mejorar", explica Gonzalo Jordán, director de Invertec.

Y es que la ciencia tiene un papel que jugar en hacer de Chile una potencia agroalimentaria. Hay demandas desde el agro que los científicos pueden ayudar a responder para apoyar la competitividad del sector. En un intento de ver qué requiere el agro de la ciencia, los especialistas se reunieron en el seminario "Desafíos Científicos de la Agricultura Chilena", organizado por la Academia Chilena de Ciencias Agronómicas.

Y ahí quedaron claras cuáles son las necesidades a las que tienen que dar respuesta.

La disputa por las platas

Cuatro unidades del Ministerio de Agricultura destinan dinero para investigar en el agro.

"Se han incrementado las inversiones, pero los fondos generalmente van a proyectos multidisciplinarios y los individuales quedan marginados. Y la ciencia básica también es importante. Somos de los países más relevantes en producción agrícola y forestal, pero la investigación no está a nivel", dice Patricio Arce.

Los científicos alegan que las platas se distribuyen vía concurso y no hay una política científica clara que establezca las prioridades.

"El dinero es muy poco, apenas llega al 0,6% del PIB. Además, gran parte de los fondos son concursables y tienen una corta duración, de dos o tres años, que es insuficiente, ya que para desarrollar variedades, por ejemplo, se requieren hasta 12 años", explica Alejandro Violic.

En el Inia concuerdan con que falta unificar más los proyectos, pero afirman que se han doblado los recursos en los últimos años.

"En tres años sí se pueden resolver situaciones como la vigilancia competitiva, pero hay ítems que requieren más tiempo. Innova lanzó concursos para más de 10 años que esperamos se consoliden", dice Ernesto Labra.

Catastro de suelos de norte a sur

La lista de tipos de suelos de Chile es tan larga que no existen catastros, por lo que urgen estudios que determinen las mejores zonas para cultivar cada producto. Va de la mano con el cambio climático. Sus efectos ya están manifestándose y en los próximos años se sentirán cada vez con más fuerza, por lo que la ciencia debiera ya estar entregando herramientas para prevenir. "Sólo se conoce el comportamiento de los terrenos en el corto plazo y, principalmente, de la zona central. No sabemos cómo se comportan otras áreas menos explotadas, como las intercuencas. Es necesario un estudio holístico e integral", dice Nicolo Gligo, profesor de la Universidad de Chile.

En esta misma línea, Gustavo Rojas, director de Posgrados de la Universidad Inacap, plantea que hay que hacer estudios científicos para ítems específicos de cada región.

"Al norte es fundamental solucionar la escasez hídrica. En la zona central hay que aumentar las investigaciones en variedades y mejorar lo que se dispone para la agroindustria. En el sur, los estudios deben enfocarse en la producción de leche y carne", dice.

Variedades made in Chile, no sólo importar

Gran parte de las variedades que comercializa Chile son de autoría internacional, lo que significa que los agricultores deben pagar un royalty por su producción, pero que además no siempre responden con todo su potencial a las características y necesidades específicas del país.

"Chile está muy abierto al exterior, y tiene que tener sus propias variedades. Hoy gran parte de los frutales paga un impuesto para poder sembrar o plantar, cuando lo más lógico sería incentivar la producción de nuevas variedades chilenas. También hace falta definir una ley que permita que los científicos puedan usar materiales genéticamente modificados para mejorar las propiedades; por ejemplo, hacerlos más resistentes a ciertas plagas. Esto permitiría tener costos de producción más bajos", explica Alejandro Violic, genetista y secretario general de la Academia de

Ciencias Agronómicas

Es necesario crear variedades que se adapten bien a las necesidades y condiciones de Chile, y abrir un nuevo nicho: desarrollar variedades exclusivas, tal como lo hizo Nueva Zelandia con el kiwi dorado.
Pero realizar este tipo de investigaciones científicas requiere dinero, y esa ha sido, hasta ahora, la piedra de toque.
"Estos proyectos de mejoramiento genético de variedades frutales duran más de 10 años, y el problema es que los fondos concursables disponibles sólo financian por tres años y luego los científicos deben ver cómo costear el proyecto", dice Patricio Arce, doctor en ciencias con mención en ingeniería genética de la Universidad Católica.

No sólo variedades

Otro de los desafíos para la ciencia es mejorar la calidad de todos los sectores exportadores, para lo cual se requiere invertir en temas que van mucho más allá de las variedades. En la fruta, urge, por ejemplo, optimizar la tecnología en packaging. Además, los productores frutícolas demandan nuevas técnicas para mejorar el control de plagas.

"En sectores como la carne es necesario desarrollar tecnologías para aumentar la masa ganadera y la cantidad de praderas, mientras que en el vino se requiere ocupar la ciencia para mejorar los terroir y la calidad de las cepas", explica Ernesto Labra, subdirector nacional de Investigación y Desarrollo de Inia.

Uno de los rubros que están tomando vuelo es el de los alimentos procesados y ahí hay mucho por hacer: en Chile existe la maquinaria, pero falta materia prima. Esto, porque hay frutas y hortalizas, como las alcachofas y los carozos, que sólo se cosechan una vez al año y el resto del tiempo las máquinas deshidratadoras están paradas.

"Falta un mayor involucramiento de los científicos en la elaboración de estos productos, ya que gran parte de la tecnología de envasado viene desde el extranjero", añade Gonzalo Jordán. Lo que pasa es que ya no basta con destinar lo que no sirve para vender en fresco, sino que lo que se utilice debe tener características específicas que sean más eficientes y resistan de mejor forma los procesos agroindustriales.

Biotecnología, no sólo alimentos

En los próximos años la tendencia será producir alimentos que no sólo quiten el hambre, sino que también sirvan como medicamentos.

"La fitofarmacia es un área que está abierta y que debería provocar interés en los científicos. Así como se descubrió que el componente de la aspirina provenía del sauce, pueden haber otras plantas que tengas ciertas propiedades medicinales, por eso hay que investigar", agrega Violic.

En esta línea hay algunos avances como uvas genéticamente modificadas que no tienen pepas y son más crocantes. También se está trabajando en un proyecto para hacer tomates con ciertos genes inmunológicos que previenen el contagio de la Hepatitis C.

El gran desafío, la Huella de Carbono

Hoy los principales mercados del mundo están exigiendo alimentos que respeten el medio ambiente, por eso, reducir la huella de carbono es otro de los grandes desafíos científicos para Chile. Por ahora en lo que se está invirtiendo es principalmente en mediciones para establecer la huella de carbono de distintos productos, pero eso es lo mínimo.

"Hay que buscar fórmulas que permitan producir más, pero con menos energía. Una fórmula sería ocupar el sistema de cero labranza, ya que al no arar todo el suelo se gasta menos energía. Para esto se requiere cambiar la forma de riego, hay que dejar atrás el riego tradicional para ocupar masivamente la aspersión y los pivotes", añade Violic.