De hecho, los precios, aunque suavemente, muestran una tendencia bien clara hacia abajo.

Chicago tiene soporte para no caer abruptamente, sólo, sobre el temor de que sucedan algunos golpes climáticos. Por cierto, cada vez menos posibles.

La preocupación por las heladas ya está prácticamente desaparecida.

Por ello, los precios de la vieja cosecha y los de la nueva han ido convergiendo. A esta altura del partido, las operaciones que se hacen en EE.UU. son básicamente de la nueva cosecha.

De acuerdo a la información del USDA, hasta hace pocos días, cerca del 40% de la soja implantada ya estaba perdiendo sus hojas. Aunque con un poco de retraso, el cuadro viene, entonces, bien. Diríamos, muy bien. Para ellos.

Dadas así las cosas, hoy por hoy, es lógico esperar que efectivamente EE.UU. logre una cosecha récord.

Pero si de súper-cosechas hemos de hablar, el récord también se daría en el MERCOSUR. Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia se preparan para una gran siembra.

En toda la región se nota una fuerte preferencia por parte de los productores a largarse a sembrar soja en desmedro de otros cultivos como el maíz. Y, en la Argentina, tal tendencia es –podríamos decir- calamitosa.

En Brasil, se espera un volumen para cosechar superior a 63 millones de toneladas.

Para la Argentina, en gran parte por las políticas anti-comercio que sufren los cereales, la soja seguirá quitando espacio a las demás opciones. Por ello, se habla de una producción superior a 50 millones de toneladas.

Respecto a Paraguay, se aguarda un fuerte aumento. Se estima que la producción será de 7 millones frente a los 3,9 millones de toneladas de la anterior campaña. Ahora que la humedad se ha reinstaurado en el perfil de suelo, las dudas se están convirtiendo en certeza: habrá una superficie muy extensa.

En cuanto a la demanda mundial, la visión no es negativa. Todo lo contrario, el dólar sigue dando muestras de debilidad. Fíjense que está en tan sólo un nivel de 1,45 por euro.

El pobre dólar, ayuda a los precios. Y, seguramente, sostendrá a la soja para que no caiga demasiado.

A su vez, Irán y los discursos de su líder ponen nerviosos a los operadores sobre el comercio del petróleo y, así, su valor se mantiene sostenido.

Para los próximos meses, el mercado argentino debería moverse en sintonía con Chicago, en estrecha relación con el valor la soja nueva.

En tal caso, no hay que ser adivino para apostar a una gradual y continua reducción en los valores locales, salvo algún accidente climático que suceda en el norte.

La mirada ahora está en lo que podrá suceder en América del sur. Si las condiciones climáticas no llegan a ser como se espera, los precios retomarían una senda a la suba.

De lo contrario, los precios aflojarían aunque no tanto, ya que la demanda mundial no da muestras de achicamiento. La fuerza china da aliento a la demanda.

Es cierto que la industria molinera de China sigue creciendo. Lo hace en gran parte por su política de importación de harina y aceite de soja. Estos productos están obligados al pago de un diferencial arancelario del 6% que alienta la compra de granos en lugar de derivados.

De hecho China es el responsable del 50% del comercio mundial de grano de soja ya que de 75 millones de toneladas de importaciones que hay en el mundo, cerca de 39 son de este gigante país.

Pero, así todo, la demanda se muestra activa.