Pablo Wende - "La Nueva Provincia"
Claro que la discusión se concentra casi exclusivamente en la soja, que hoy representa más del 90% de lo que el gobierno recauda a través de las retenciones. De acuerdo a las proyecciones del próximo período de siembra y de precios, cada punto que se baje para el complejo oleaginoso representa nada menos que 800 millones de pesos menos para el fisco. Por lo tanto, la postura ya conocida de la Mesa de Enlace, de llevar la alícuota del 35% al 25% tendría para el fisco un costo de $ 8.000 millones. Pero el campo tiene sus argumentos: "si bajamos la presión impositiva se producirá más, y así compensamos la baja de la recaudación. Además, aumentaría la base imponible y habría más productores en condiciones de pagar".
Sin acceso a los mercados voluntarios de deuda y con la recesión golpeando fuerte las arcas públicas, es evidente que para el gobierno es complejo avanzar hoy en una disminución de impuestos.
Pero sería miope quedarse exclusivamente en el impacto en las cuentas públicas, por más que ese sea el tema más acuciante para los próximos meses. En realidad, lo que está en juego es la posibilidad de dar señales muy firmes a la producción y a la sociedad, para mejorar el clima de inversiones y que la gran incertidumbre que se apoderó de la Argentina, prácticamente en el último año y medio, le abra paso a un período de mayor confianza.
En la reunión que mantuvo el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, con la Unión Industrial Argentina (UIA), y en los encuentros del ministro de Economía, Amado Boudou, con la Cámara de la Construcción y la CAME, hubo reclamos coincidentes. "Precisamos que las empresas vuelvan a invertir, y para eso es fundamental que se destrabe el conflicto con el campo", explicó el titular de la UIA, Héctor Méndez.
Por supuesto, además del efecto en las expectativas, un arreglo ayudaría para reactivar las economías regionales, que fueron uno de los principales motores de la recuperación económica a partir de 2002, pero que ahora se encuentran en un estado dramático. La parálisis del campo provocó un efecto dominó en sectores como el de la maquinaria agrícola, que está más del 50% por debajo de sus niveles de facturación con respecto a 2008, el consumo y el sector inmobiliario.
Tanto el gobierno como los empresarios se dan cuenta que la Argentina está, una vez más, ante una oportunidad: los precios de los productos de exportación están nuevamente volando (la soja volvió a superar los 400 dólares la tonelada) y la mejora de las variables financieras provocaron un reflujo de divisas hacia países emergentes. Sin embargo, la salida de capitales sigue siendo el principal fenómeno de la economía argentina, justamente por la falta de confianza. Y mientras el mundo comienza a dar muestras de dejar de lado la recesión, el consumo y la producción en el país todavía no dan muestras de recuperación, aunque la caída se suavizó notablemente.
En conclusión, volver al diálogo con el campo y superar la disputa con el sector podría resultar un giro fundamental para un gobierno que todavía no consigue recuperarse de la derrota electoral del 28 de junio.
El gobierno tiene mucho más margen para ceder en trigo y maíz, ya que prácticamente no se registran exportaciones. Por lo tanto, no tendría efecto alguno sobre las cuentas públicas llevar las retenciones a cero o a niveles cercanos a cero. "Una decisión de estas características no salva al trigo, ya que el período de siembra prácticamente terminó, pero todavía hay tiempo para que impacte en la siembra de maíz", explicaba un referente de la Mesa de Enlace.
Otro tema clave para el campo pasa por la posible eliminación de restricciones para exportar, que ha tenido efectos devastadores en el sector ganadero y en la lechería. El campo pide que la ONCCA deje de estar intervenida por Ricardo Echegaray, titular de la AFIP, pero se trata de un hombre de extrema confianza de Néstor Kirchner, al igual que Guillermo Moreno. Desde la Casa Rosada, la única señal ofrecida ayer, tras las reunión con la Mesa de Enlace, fue la de reabrir las exportaciones de trigo y maíz, aunque la decisión sigue siendo mantener los subsidios para los productores en problemas, como la ayuda anunciada por Cristina de Kirchner para los tamberos. Lo que sucede, una vez más, es que eso choca con la desconfianza de los productores, ante promesas que luego no se cumplen.
Néstor Roulet, uno de los referentes de Conferederaciones Rurales Argentinas, fue contundente en el reclamo: "Lo que nos interesa, sobre todo, es que el Estado deje de intervenir y libere los mercados de exportación, todo lo contrario a lo que vienen haciendo hasta ahora". Pero pedirle al gobierno que acceda o se anime a liberar mercados, o que saque del medio a Moreno o a Echegaray excede largamente lo que el matrimonio presidencial está dispuesto a ceder luego de la derrota electoral.