Como los precios de los granos se forman, en buena parte, por expectativas, el cuadro, estrictamente desde este punto de vista, está mejor. El mundo ya no es todo lo terrible que fue.
Por ello, los precios tienen resistencia a caer por debajo de los valores recientes. De hecho, en el mercado local, por ejemplo, la soja no logra caer por debajo del piso de $930.
Pero así todo, hay algo claro: la intensidad de las fluctuaciones se ha reducido.
En vista de ello, no es dable esperar grandes caídas, pero tampoco, grandes subas para los próximos días.
Además, el dólar y el precio del petróleo, pese a sus vaivenes, siguen un derrotero favorable a los precios agrícolas.
El petróleo se ha afirmado por encima del nivel de 60 dólares el barril, en un escenario de recuperación de la economía mundial. Ello implicaría un aumento de la demanda de granos para convertirlos en energía.
Recordemos que en diciembre del año pasado, el barril apenas superaba el valor de u$s 30 y hoy está en más del doble.
Hasta ahora, todo es de película. Pero hay algo más: el clima y las perspectivas de una cosecha sobresaliente en EE.UU. Acá es donde se halla el punto frágil para los precios.
Y a medida que pasen los días, la cosa debería empeorar. Con altibajos, pero desmejorando.
¿Qué esperar en este cuadro?
Pues bien, uno diría que estamos en un momento de transición. Nos acercamos a la gran cosecha del norte y dejamos atrás la crisis financiera.
Si una cosa anula la otra, en una visión simplista, pero aproximada a la realidad, se podría decir que la expectativa de mejora en los precios de la Argentina, hoy está más próxima a las medidas oficiales que a los mercados mundiales.
En tal caso, los que llevan mejor perspectivas son el trigo y el maíz.
Si la soja disponible superase el nivel de $1.000 uno diría que es un valor para cerrar. Hoy (30/07) rondó en $980. Estamos cerca.
Aguardar, hoy por hoy, parece ser un buen negocio. Y seguir día a día la evolución de los mercados. No hay que dormirse. Pero tampoco salir como un correcaminos.
Apurarse, podría ser la forma más segura de finalizar en el patíbulo. Con Robespierre como verdugo.