Mariana Verón
LA NACION
Las últimas 24 horas trajeron algo de alivio al enrarecido clima poselectoral. Al menos por el momento, el matrimonio Kirchner frenó cualquier decisión sobre los cambios de gabinete, a la espera de definir el rumbo que tomará el Gobierno.
El único que hasta última hora de ayer estaba en duda era el ministro de Economía, Carlos Fernández. Quien recaiga en ese sillón dejará a las claras expuesto el modelo con el que los Kirchner avanzarán en los dos años que quedan de mandato. "Por ahora se decidió que no se dará un vuelco a la derecha", confió un funcionario con despacho en Balcarce 50 a La Nacion, y descartó que vayan a recalar en Economía el presidente del Banco Central, Martín Redrado, o el actual embajador en Alemania, Guillermo Nielsen.
Los voceros de Economía negaron un alejamiento de Fernández. Pero los Kirchner, con la última palabra, aún no definieron su destino.
Pasada la ola de rumores que involucró a medio gabinete, y que sólo terminó con la salida de Ricardo Jaime de la Secretaría de Transporte, la presidenta Cristina Kirchner se tomará al menos unos diez días para analizar otros alejamientos, confiaron a La Nacion fuentes oficiales.
La endeble ratificación de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio, anteanoche, fue una muestra de que los Kirchner no están dispuestos a hacer cambios bruscos. Moreno sigue siendo hoy la gran piedra en el zapato de la gestión kirchnerista. Reclaman su cabeza varios gobernadores, pero también de su estadía o no depende el resto de los miembros del gabinete.
Por eso una de las que podrían aceptar el cargo en Economía es Débora Giorgi. La presidenta del Banco Nación, Mercedes Marcó Del Pont, no quiere hacerse cargo si sigue Moreno. Tampoco el director de la AFIP, Ricardo Echegaray.
El jefe de Gabinete, Sergio Massa, es otro de los ministros que están en la sala de espera. No quiere pegar un portazo y ya le aclaró a la Presidenta que en momentos de emergencia él está para colaborar. Eso dijo cuando debió asumir en medio de la crisis que generaron el conflicto con el campo y la renuncia de Alberto Fernández. Massa se sentiría más cómodo en el gobierno sin Moreno.
Todo gira en estas horas alrededor de Moreno. De hecho, la historia de su renuncia, que finalmente no fue, comenzó hace un tiempo, cuando el ministro de Planificación, Julio De Vido, le soltó la mano. Tras la derrota electoral, De Vido fue a la quinta de Olivos y reclamó la salida de Moreno y Jaime. Fuentes con acceso a los Kirchner confiaron ayer que el secretario de Comercio "tiene los días contados" y hablan de hasta un "capricho" por no sacarlo.
Para compensar el freno al alejamiento de Moreno, el matrimonio le concedió a De Vido traspasar una regla básica de la política que reza que el que saca a un funcionario no nombra al reemplazante. En un día agitado como el de anteayer, le permitieron al ministro de Planificación, que había logrado sacar a Jaime, que colocara a un hombre de su riñón, como Juan Pablo Schiavi, en la Secretaría de Transporte. Fue una ratificación de De Vido de hecho.
Ayer también Aníbal Fernández logró lo mismo, pero por cuenta propia. Contó por radio que había presentado la renuncia, pero que Cristina Kirchner no se la aceptó. No hubo, de todas maneras, una presentación de dimisiones de todos los funcionarios. Algunos opinaban ayer que tanto Fernández como De Vido lo habían contado para ratificarse en el cargo en momentos en que nadie estaba seguro en el Gobierno.