Las proyecciones de la demanda, respecto al ciclo 2009/10, continúan siendo muy firmes. La demanda hoy no atemoriza a los traders sino que por el contrario ponen un clima de entusiasmo. Y ello pasa en medio de la mayor crisis mundial de los últimos 70 años.
Se estima que, por soja, maíz y trigo, habrá un consumo mundial récord en 2010. Se espera que alcance un volumen próximo a 1. 700 millones de toneladas.
Quiere decir que, ni desde el clima ni desde el mundo, se asoman enemigos de la producción agrícola. Ellos salen de acá, del propio país. Emergen desde la incertidumbre económica y desde la política (¿o des-política?) oficial.
El denominado “modelo” no comprende la revolución de los alimentos del siglo XXI. No entiende que ella está caminando como consecuencia de la demanda adicional proveniente del 60 por ciento de la población mundial. Se trata de una demanda dirigida como nunca en la historia de la humanidad a llevar proteínas.
Desde esta perspectiva, resulta lógica una postura, si bien difícil de mantener, marcadamente esperanzadora. Pues, en algún momento, la estrategia gubernamental, tomará un camino distinto, bajo la fuerza de la cruda realidad. Y no pensamos en un tiempo remoto sino próximo.
Para responder a esta demanda sostenida y, quizás, en aumento, el mundo deberá producir mucho maíz y también soja y trigo. Pero más que nada, maíz. ¿Por qué?
Es que éste sufriría una rebaja en la superficie sembrada. Y ello, obviamente, traería aparejado un balance de oferta y demanda global más ajustado que el actual.
En tal caso, a medida que transcurra el año, los precios internacionales del maíz deberían ir en suba. Tal encuadre, ya se está reflejando en los mercados de futuros de Chicago. Acá se advierte la expectativa sobre los precios.
Respecto a la soja, el cuadro es diferente. Para estos próximos meses, tal como hemos venido sosteniendo, el panorama es muy alentador. Pero, quizás, no lo sea por mucho tiempo. No hablamos de una caída abrupta, pero sí es posible un ajuste a la baja.
La cuestión está en lo que suceda en EE.UU. Cuando la nueva cosecha norteamericana haga su aparición, en los meses venideros de agosto y septiembre, es posible que los precios bajen. A partir de estas fechas, y quizás antes, probablemente los precios aflojen en tanto y en cuanto el volumen norteamericano cumpla con las predicciones.
En lo que hace al trigo, el panorama no parece conveniente. Los nubarrones son oscuros. Y no referimos tanto a los nubarrones que vienen del exterior como lo que vienen de tierra adentro.
Pese a las caídas previstas para la campaña 2009/10, el comercio mundial sigue bajo la presión de una alta oferta. Los precios quedan, así, sujetos a una expectativa de aumento en la oferta con crecientes niveles de stock.
En tal caso, la producción argentina habrá de sufrir una nueva reducción. Poco a poco los productores van cayendo en la cuenta de que los precios internacionales presentan demasiados interrogantes.
Pero no será ésta la única razón de tan mala performance.
Hay también una explicación derivada del clima. Los niveles de humedad en el suelo son alarmantemente bajos. 10 cm o menos, éste es el perfil general. En algunas partes, es menos. No hay reservas. Y, además, “La Niña” pareciera que va a prolongarse en el otoño, el invierno y parte de la primavera.
Pero, acá no termina la cosa. Hoy se están pagando los platos rotos de una política adversa a la producción. Con un mero propósito electoralista, la política policial -destinada a una presunta satisfacción de “la mesa de los argentinos”- ha logrado que el ámbito triguero argentino resulte quebrado. La cadena del trigo está regresando a los primeros tiempos del país, cuando el indio era una amenaza para el chacarero. Parece ficción, pero es así.
Es probable que el consumo interno se lleve todo. Así, la Argentina dejaría de estar presente en el mercado internacional.
El USDA, contrariamente a lo escrito acá, proyecta la producción argentina para 2009/10 en 11 millones de toneladas (8,4 y 16,8 años anteriores) con un área a cosechar de 4 millones de hectáreas.
Desde nuestras oficinas, estamos pensando en una superficie de 3, 5 millones de hectáreas. De confirmarse tan magra superficie, es posible que la dirigencia política tengo una reacción positiva; y lo que, hoy, alarma, sea más adelante una inyección de racionalidad.
En tanto, lo mejor es hacer. Una mirada por encima de las cosas pequeñas, nos muestra algo grande.