Las acciones de estos fondos, que no son estrictamente comerciales, pero que sí afectan fuertemente en las cotizaciones, han cobrado un papel relevante, sobre todo durante marzo y abril. De hecho, puede decirse que ellas han aumentado violentamente, pues sus posiciones compradas han subido casi un 100%, según la información brindada por la Comisión de Futuros del Comercio de Commodities de EE.UU. (CFTC), el ente regulador de futuros (información brindada por la Bolsa de Comercio de Rosario).

Estos fondos han mantenido una posición de fuerte demanda sobre los futuros de la soja. Por ello, los precios han conservado una tendencia a la suba.

Una mirada retrospectiva, nos muestra que el valor de la soja -en el plano internacional- ha logrado una mejora próxima al 25%, justo en tiempo de cosecha, acá en la Argentina.

Obviamente, esta fuerte presión por parte de los fondos no ha surgido por capricho. Son los denominados fundamentals los que han provocado este despertar de los fondos. Un despertar signado muy especialmente por la creciente certeza de una cosecha argentina, tan mala como no se podría haber imaginado tan sólo un mes atrás.

A ello, habría que agregar la expectativa de una inflación en países como EE.UU. más elevada, dada su política de expansión monetaria para salir de la crisis.

¿Qué piensa el mundo de la Argentina? Muchos operadores a nivel mundial están recogiendo la información de los privados de la Argentina que habla de una cosecha próxima a 30 millones de toneladas, muy por debajo de lo estimado por Oil World que habla de 34,5 millones de toneladas. Vale destacar que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires calcula casi el mismo número. Su cifra es de 34 millones de toneladas.

Pese a ello, preferimos el número más bajo. Nos inclinamos a un volumen más cercano a 30 millones en vista de la experiencia de los últimos días, cuando muchos lotes han sido abandonados y no serán cosechados. Así de duro.

El rendimiento unitario promedio, a nivel nacional, alcanzaría a tan sólo 20 quintales.

Para afirmar lo dicho, nos atenemos al hecho de que la cosecha está avanzando a paso acelerado, merced al buen tiempo de un otoño seco. Se estima que nos estamos acercando a las 17 millones de hectáreas. Es decir al final, puesto que se habría cubierto ya más del 85% de la superficie cosechable.

Si el volumen final se ubica entre 30 y 32 millones de toneladas, el problema grave lo tendrán las industrias. Sí, señores: no sólo van a sufrir los productores, las industrias aceiteras, también, pagarán los platos rotos. Es que con un volumen tan bajo, lo que restaría para la industria llegaría a 28 millones de toneladas, aproximadamente, contando también las demás oleaginosas. De esta forma, las fábricas tendrán que operar durante la campaña con una capacidad ociosa superior al 40%. Imagínense el golpe que recibirá un centro industrial oleaginoso como es el de Rosario.

En fin: así está la cuestión productiva. Vamos a ver qué nos dice el USDA, mañana martes 12.

El problema de oferta no sólo es de Argentina. Si bien de menor gravedad, Brasil presenta previsiones poco alentadoras. En este momento se está calculando una cosecha próxima a 37 millones de toneladas, por debajo de los 58,5 millones previstos.

Como se aprecia, las expectativas negativas sobre la producción están jugando –por ahora- a favor de los precios. Sobre todo cuando se cae en la cuenta de que, por el aumento de las exportaciones norteamericanas, las reservas de EE.UU. habrán de caer a un nivel inferior a 4 millones de toneladas. Un volumen irrisorio.

Si las cosas son así, reiteramos lo expresado en nuestro anterior reporte: mayo-septiembre será un período de incertidumbre, con poca oferta proveniente del hemisferio sur y con una oferta del hemisferio norte en formación.

A medida que nos vayamos acercando a la primavera norteamericana, más clara será la situación sobre su oferta y, por ende, mayor será la posibilidad de una brusca desmejora de los precios.

En tanto en la Argentina la cosa se complica cada día más. Respecto a las exportaciones, se estima que de la producción de soja de la campaña 2008/09, más de 16 millones de toneladas ya estarían comprometidas.

Ello significa que una importante proporción habría sido vendida por los productores, lo que implica que éstos no habrían aprovechado los últimos precios cuando superaron ampliamente el valor de $900.-

Si fue así, la razón no hay que buscarla en la falta de racionalidad y de información de los productores sino en la premura que muchos de ellos habrían mantenido por falta de liquidez a consecuencia de la mala cosecha.

Con mayor razón, hay que afilar el lápiz para aprovechar los picos por venir. O entrar en los mercados de futuros y opciones.

Vamos cerrando porque, seguramente, muchos lectores estén aburridos de tantos datos.

Pero recordemos que, durante los próximos cuatro meses, o quizás cinco, la oportunidad de fijar precios altos debería ser recurrente.

Pero también tomemos en cuenta de que la volatilidad debería estar muy presente dado que los fondos harán de las suyas. Subas y bajas, por encima de u$s400 pareciera que va a ser características de este período.

Dediquemos tiempo a lo comercial.