Diocleciano, cuyo nombre completo era Cayo Aurelio Valerio Diocleciano Augusto, fue emperador romano entre los años 284 y 305. En el medio de una gran crisis económica producto de la destrucción monetaria de esa época que se completó con una reforma monetaria de Diocleciano, quien reemplazó el denario de oro y plata por el denario de cobre profundizando la crisis inflacionaria. Es decir, degradó la moneda y profundizó la depreciación del denario acelerando la inflación. Para frenarla, Dioclecino emitió un edicto en 301 por el cual establecía la pena de muerte para aquellos que retuvieran mercaderías y no las vendieran en el mercado. Lo que hoy en día se conoce como agio y especulación.

Sin embargo, a pesar de la dureza de las penas que establecía para aquellos que no respetaran los precios máximos y retuvieran mercaderías, su edicto fracasó y Diocleciano abdicó 4 años después alegando que estaba enfermo.

Pasaron 1700 años desde el famoso edicto de Diocleciano y los políticos argentinos siguen actuando como Diocleciano, aunque, afortunadamente, por ahora con menos violencia, salvo cuando Perón, en 1953 decía, desde el balcón de la Plaza de Mayo, que el gobierno estaba dispuesto a hacer cumplir los precios máximos, aunque tuviera que colgar a todos los comerciantes.

Luego pasaron los controles de precios y salarios de Gelbard, Martínez de Hoz recurrió a acuerdos de precios con la famosa Tregua en marzo de 1977 y Alfonsín estableció un congelamiento de precios y salarios con el plan Austral, entre otros congelamientos y controles de precios de esos años. Es más, el secretario de comercio de Alfonsín de aquellos años tuvo el dilema de decidir si las empanadas de atún tenían que tener precio máximo para las Pascuas. Tal es el delirio de los controles de precios en Argentina.

Todo parece indicar que Feletti, que dice que quiere que la gente sea feliz para fin de año y no tenga que dejar en la caja del supermercado algún producto porque no lo puede pagar, y por eso pone precios máximos, no se percató que el BCRA lleva emitidos este año $ 1,11 billones para financiar al tesoro, de los cuales el 70% de esa emisión monetaria fue entre julio y el 4 de octubre.

Pero Feletti parece desconocer el ABC de la economía por el cual, cuando se establece un precio máximo, se expande la demanda y se contrae la oferta.

En efecto, lo lógico, es que si el funcionario pone un precio máximo, lo ponga por debajo del precio al cual está operando el mercado. Si el mercado opera a un precio de 100 para determinado producto, no tiene sentido poner un precio máximo de 100, que es el precio al que se están haciendo transacciones en forma fluida, o un precio máximo de 110. La lógica más elemental indica que un precio máximo solo tiene sentido establecerlo por debajo del precio de mercado. Es decir, establecer un precio artificialmente bajo.

¿Cuál es el efecto de un precio máximo? Entre otros, el desabastecimiento, el mercado negro, etc.

Gráfico 1


Recurriendo al gráfico que se utiliza en introducción a la economía cuando se explica el capítulo de precios, el gráfico 1 muestra dos curvas. La de demanda D y la de oferta: O.

Al precio P1 el mercado opera en equilibrio y se ofrece y demanda la cantidad C1. Entonces aparece Feletti y pone el precio máximo en P2. ¿Cuál va a ser la oferta bajo este nuevo precio artificial? La cantidad ofrecida a este precio artificialmente bajo se contrae a C2 y la demanda, estimulada por el precio artificialmente bajo, se expande a C3.

La diferencia entre C2 y C3 es el desabastecimiento del mercado. Faltan productos en las góndolas.

Porque recordemos que también desaparecen los productores marginales. ¿Qué es esto? En el mercado no todas las empresas de un mismo rubro operan con los mismos costos. Unas tienen costos más altos que otras, pero las que tienen costos más altos pueden mantenerse porque sus costos de producción están por debajo del precio de mercado. Es decir, su tasa de rentabilidad es menor que la de sus competidores pero igual pueden subsistir en el mercado.

Supongamos que el precio de mercado es de 100 y tenemos tres productores con tres costos diferentes para el mismo producto. A tiene un costo de producción de 70, B de 80 y C de 90.

Aparece Feletti y pone el precio máximo en 85. ¿Qué pasa? A puede seguir operando en el mercado porque tiene un costo de 70, B puede seguir operando en el mercado porque tiene un costo operativo de 80, pero C, que es el productor marginal, queda fuera de mercado porque su costo de producción supera el precio máximo que estableció Feletti.

¿Qué logra el secretario de Comercio con sus precios máximos? En primer lugar, restringir la oferta porque retira del mercado a un oferente y en segundo lugar genera desocupación porque C deja de operar porque sus costos no le dan para vender al precio máximo que estableció el gobierno, o bien se tiene que ir a trabajar al mercado negro con lo cual cae la recaudación impositiva.

En definitiva, el deseo de Feletti de hacer feliz a la gente para fin de año de manera que no tengan que dejar productos en la caja porque no lo pueden pagar, no será posible porque ese producto no estará en cantidad suficiente en las góndolas y, encima, habrá gente que pasará pésimas fiestas porque su decisión generará desocupación.

También se olvida el secretario de comercio que no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios que está dispuesto a pagar el consumidor por determinado producto el que determina los costos en que puede incurrir una empresa.

Es el consumidor el que, en definitiva, dice cuánto tiene que ganar el empleado, la secretaria, el operario, etc.

En síntesis, no solo la historia de los precios máximos de Diocleciano para acá demuestran la ineficacia de los controles de precios, sino que el secretario de Comercio tiene una ilusión óptica: no son los precios los que suben, sino el peso que se deprecia.

Que hable con la gente del BCRA para que frene el tsunami de pesos que está mandando al mercado que va a ser más efectivo que estar generando desocupación y desabastecimiento con los controles recontra fracasados controles de precios.

Fuente: Economía para Todos