El gobierno venía barriendo la basura debajo de la alfombra para tratar de llegar a las elecciones, primero a las PASO en septiembre y luego las elecciones de medio término en noviembre.

Al estirar el plazo, el gobierno conseguía más tiempo para vacunar a la gente y llegar con mejor humor social, pero al correr el tiempo también asume el riesgo que toda la basura que está barriendo debajo de la alfombra le empiece a salir por los costados.

Hay al menos dos datos ciertos que el mercado sabe y que, más tarde o más temprano, van a generar un salto de precios relativos. El primero, que todos saben, es el del atraso de las tarifas de los servicios públicos para llegar a las elecciones con tarifas artificialmente bajas.

Este atraso tiene que ser compensado con subsidios económicos que pegan el nivel de gasto público y generan, entre otros factores, un déficit fiscal que requiere de emisión monetaria para financiar el déficit, produciendo potenciales presiones inflacionarias. Es que el gasto en subsidios económicos para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos aumentaron el 50% en los primeros 5 meses de 2021 respecto a los primeros 5 meses de 2020. Específicamente, se gastaron $ 121.000 millones más que en los primeros 5 meses del año.

El otro factor que el mercado sabe que está pendiente de resolución es el atraso del tipo de cambio oficial que durante todo este año viene subiendo muy por debajo de la tasa de inflación.

Gráfico 1


Como puede verse en el gráfico 1, a partir de febrero el BCRA viene ajustando el tipo de cambio oficial muy por debajo de la inflación. Para el cálculo de aumento del tipo de cambio oficial se toma el promedio mensual y el IPC de junio es la estimación del REM.

Si bien el ministro de Economía, Martín Guzmán, afirmó que luego de las elecciones no habrá devaluación del peso, cuando se dicen estas cosas siempre repican en la mente aquellas frases desafortunadas recordando que se dijo a principios de 1980 “el que apuesta al dólar pierde”, luego, en plena hiperfinflación, “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” y ya en los 2000 “el que depositó dólares, recibirá dólares”, por citar solo algunos ejemplos.

Todos saben que cuántas más presiones se acumulen sobre el tipo de cambio, el ajuste futuro será inevitable y más intenso. Por eso los agentes económicos se adelantan.

Justamente, la decisión del BCRA de cambiar las reglas de juego sobre el contado con liquidez, un sábado a la noche y mientras se jugaba la final de la Copa Sudamericana, Argentina-Brasil, fue un movimiento burdo por la medida en sí y por el momento que se eligió para emitir la circular.

La medida en sí muestra a un BCRA desesperado por frenar la huida del peso y el refugio en el dólar. Pero más grosero fue tratar de hacerlo pasar desapercibido en el medio de un sábado a la noche en pleno partido de fútbol con la gente pendiente del resultado de la final. Hacerlo ese día y en ese momento genera más desconfianza que si se hubiese hecho un día de semana, porque muestra a un BCRA tratando de tomar a escondidas una medida que los agentes económicos seguro iban a tomar con desconfianza.

Gráfico 2


El gráfico 2 muestra la evolución de la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el blue en los últimos 50 años y medio. Los picos más altos están en 1975 con el rodrigazo, en la hiperinflación y otros momentos de crisis cambiaria como a fines de 1983.

Lo concreto es que, una vez más, se repite la vieja historia de un Banco Central que produce una moneda de muy mala calidad y pretende que la gente igual la quiera.

Esto es como si uno de los pizzeros del barrio hiciera unas pizzas horribles y utilizara la fuerza armada contra sus vecinos para que no les compren pizzas a sus competidores y obligarlos a comer su pizza de mala calidad.

La moneda, aun siendo fiat, es una mercadería como cualquier otra y la gente la demanda o no dependiendo de la calidad de la misma y, la verdad, es que la calidad del peso es malísima porque se derrite como una barra de hielo en el medio del desierto, es decir, pierde valor a paso acelerado como consecuencia del despilfarro de gasto público.

Pero no es solo el déficit fiscal pasado, presente y futuro que se presentan con los anuncios populistas de cara a las elecciones, lo que hace huir de una moneda ya destruida, además, el BCRA sigue acumulando una deuda impagable vía LELIQs y PASES netos que ya superan los $ 3,7 billones y genera un gasto cuasifiscal de $ 1,7 billones anuales que supera, incluso, el déficit fiscal previsto en el presupuesto.

En síntesis, son varias los serios problemas que el gobierno sigue escondiendo bajo la alfombra y los agentes económicos lo saben. Así que, lo sorprendente no es que suba abruptamente el tipo de cambio blue. Lo sorprendente es que lo hayan mantenido tranquilo durante varios meses.

Fuente: Economía para Todos