Tal vez como nunca, las personas y los empresarios viven una situación de completa incertidumbre sobre su futuro personal y económico. En las elecciones de 2021 no se juega quién va tener mayoría en diputados para aprobar leyes, sino que se pone en juego la existencia misma de las libertades individuales, con el riesgo que el sistema republicano de gobierno quede en el olvido y sea sustituido por un sistema autocrático. La grieta es, justamente, los que se oponen a reemplazar un sistema republicano liberal por uno autocrático en que el Ejecutivo pasa a tener el poder absoluto de los tres poderes, en particular la justicia, y destruir la democracia desde dentro. Reestablecer un poder monárquico. No sería la primera vez en la historia del mundo que un determinado grupo use la democracia para ganar elecciones y luego, en el poder, la destruya y establezca una dictadura. El ejemplo más cercano que se puede ver es el de Chávez en Venezuela.

De manera que se hace difícil pensar en un 2023 sin un 2021 en que se le ponga un límite a los proyectos autocráticos del kirchnerismo. Pero, al mismo tiempo, la oposición tiene un serio problema que tiene que ver una historia de horrible manejo económico. Puesto de otra manera, Juntos por el Cambio nunca terminó de hacer una autocrítica seria de los errores que cometió en el campo de la economía, mientras sus acérrimos defensores se limitan a decir que no tenían mayoría en ambas cámaras para hacer las reformas estructurales necesarias. La realidad es que nunca parece haber pasado por la cabeza de Cambiemos implementar esas reformas y ni siquiera hubo un mínimo de espíritu en el cambio de discurso.

Por momentos lució más como Continuemos que como Cambiemos.

Gráfico 1


A modo de ejemplo se puede ver el gráfico 1 donde se muestra la evolución de los planes sociales entre 2008 y 2019. Prácticamente se duplicaron punta a punta y a pesar de ellos tenemos cada vez más pobres. Además durante el gobierno de Juntos por el Cambio pasaron de 10,6 millones de beneficiarios a 12,8 millones de beneficiarios, un aumento del 20,8% en solo la cantidad de planes sociales.

La economía argentina tiene un monumental problema por delante. Nivel de gasto público y su pésima calidad, un sistema tributario delirante, no tiene moneda, carece de ahorro interno para financiar el consumo y la inversión, tiene regulaciones que paralizan la capacidad de innovación de los agentes económicos y vive de espaldas al mundo. Vivir con lo nuestro refugiada en el proteccionismo.

Para salir de esta larga decadencia hay tres pasos gigantescos a dar: 1) frenar al kirchnerismo en octubre para mantener un sistema republicano y preservar las libertades individuales más elementales, 2) empezar a construir una mayoría en el Congreso que, en caso de Cambiemos llegar al gobierno en 2023, apoye las reformas necesarias. No sea cosa que de tanta mezcla ideológica, si en 2023 es nuevamente gobierno, termine teniendo en el Congreso a la oposición en sus propias filas porque se oponen a ciertas reformas mínimas que hay que llevar adelante para salir de esta decadencia y 3) acordar las medidas económicas mínimas indispensables a aplicar para torcer el rumbo de colisión del barco y enfilarlo hacia puerto seguro. El primer paso económico para iniciar la recuperación.

¿Cuáles serían esos ejes mínimos de política económica que habría que aplicar para poner en marcha la economía? No se pide aquí el máximo posible que uno quisiera, sino el mínimo del cual no se puede bajar porque se caería en otro fracaso económico.

Antes de enumerar las medidas conviene aclara que no hay equipo económico que pueda solucionar el problema económico, si detrás no hay una dirigencia política convencida del camino a seguir y dispuesta a apoyar contra viento y marea el mínimo de medidas a aplicar para iniciar la recuperación o, si se prefiere, cambiar el rumbo de colisión del barco. En otras palabras, no vale el contrargumento que no se tiene el poder político para aplicarlo o que en Argentina es imposible por el peronismo porque si esos fueran los casos, entonces estaríamos frente a propiciadores del desánimo y sin ganas de dar pelea. Buscando excusas para no hacer lo que hay que hacer. O buscando excusas para seguir con esta decadencia.

Las medidas mínimas a aplicar serían 7:

Reforma monetaria. Argentina carece de moneda. Destruyó el peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y este que está agonizando. Sin moneda no se puede hacer cálculo económico. ¿Cómo hace un empresario para estimar la rentabilidad de una inversión si no puede calcular costos hacia el futuro porque el peso se deprecia día a día? ¿Cómo se otorga crédito de largo plazo sin estabilidad en los precios? Sin moneda no hay metro para medir. En este sentido, quitarle el curso forzoso al peso y establecer el curso legal de otras monedas daría lugar a que la gente pudiera optar por hacer sus contratos en la moneda que le merezca más confianza y tengan cierta estabilidad en el tiempo.

Reforma laboral. En este punto lo mínimo que se pide es que toda nueva persona que pueda ser contratada por una empresa no esté amenazada por la industria del juicio que genera pánico, en particular en las PYMES, a la hora de contratar personal. Muchas empresas, aun habiendo pagado la indemnización correspondiente, luego tiene que enfrentarse a costosos juicios laborales traídos de los pelos en los cuales, generalmente, pierde los empresarios, lo cual hace que las empresas no quieran ampliar sus plantas de personal.

Considerando la delicada situación de desocupación, pobreza e indigencia que hoy rige en Argentina, flexibilizar este mercado para alentar a que las empresas contraten personal, pasa a ser un punto clave. Incluso si se va a hacer una reforma del estado que transfiera empleados del sector público hacia el sector privado.

Una amplia desregulación de la economía que libere la capacidad de innovación de la gente y quite costos altísimos que le quitan competitividad a las empresas.

Transformar los planes sociales en algo transitorio, obligando a todo beneficiario de plan social a hacer un curso de algún oficio (electricista, plomero, carpintero u otros oficios que le den una rápida salida laboral). El beneficiario de un plan social hará ese curso o perderá el beneficio del plan. Una vez finalizado el curso, se le irá reduciendo el plan social un 20 por ciento mensual para darle 5 meses para que consiga clientes que contraten sus oficios. Esto junto con el monotributo social es perfectamente posible y empezaría a reestablecer la cultura del trabajo en vez de la cultura de la dádiva.

Reforma del estado. El problema del gasto público en argentina es doble: alto e ineficiente. Lo primero que hay que hacer es bajarlo para ir lo más rápido posible al equilibrio fiscal, luego se irá trabajando con tiempo en la mejora de la calidad del gasto que llevará más tiempo. La eliminación del déficit fiscal lo más rápido posible es porque Argentina carece de instrumentos para financiar el déficit y depender del crédito externo es tan riesgoso como que Cambiemos quedó colgado del pincel en abril de 2018 cuando se acabó el financiamiento externo para cubrir el déficit fiscal. Cuando bajaron la persiana todo voló por los aires. Por eso es imperioso ir rápidamente a la eliminación o reducción a niveles manejables de un déficit fiscal mínimo.

Reforma impositiva. Simplificar el sistema tributario y bajar la carga impositiva es clave para atraer inversiones. Argentina no solo no tiene seguridad jurídica afianzada sobre los derechos de propiedad, sino que, además, las personas y las empresas son explotadas impositivamente de tal manera que ya tiene éxodo de empresas y personas hacia otros países en busca de otra residencia fiscal. No es posible crear puestos de trabajo sin inversiones, y no es posible atraer inversiones con esta carga tributaria.

Integración de la economía argentina al mundo. Nadie va a hacer grandes inversiones, y por lo tanto crear muchos puestos de trabajo, para abastecer un mercado interno de 44 millones de habitantes donde casi el 50% de la población es pobre, otra parte indigente y los que no son pobres o indigentes están con el agua al cuello. Para abastecer ese mercado interno no hacen falta inversiones. En cambio, si se orienta la economía argentina hacia la exportación, las empresas tendrán que tener mayores volúmenes de producción para exportar y eso atraerá inversiones y creación de puestos de trabajo.

En este sentido, no se puede desaprovechar el acuerdo MERCOSUR-UE que da acceso a un mercado de casi 450 millones de habitantes con un ingreso per capita de US$ 34.000 anuales, con la ventaja que el acuerdo es que la UE baja más rápido los aranceles y le da tiempo al MERCOSUR para bajar sus aranceles y hacer competitivas sus empresas.

Una vez que se logre incrementar notablemente las exportaciones gracias a las inversiones y las reformas estructurales, bajará la desocupación, irá mejorando el ingreso real de la población y se podrá terminar con la pobreza aumentando el consumo. Creer que Argentina sale estimulando el consumo interno antes de exportar es un grosero error conceptual o puro populismo.

En síntesis, siendo esta una nota periodística, no es el lugar para explayarse ampliamente sobre cada medida, pero sí tener en cuenta que esas 7 medidas económicas son las mínimas indispensables para girar el rumbo del barco y ponerlo proa al norte para empezar a navegar a toda velocidad hacia la prosperidad.

Nadie dice que esto vaya a ser sencillo, pero lo que no se puede es insistir con más empleo público, más planes sociales, más impuestos y más violaciones a los derechos de propiedad.

Seguramente quedarán más medidas a adoptar para que Argentina vuelva a ser un país que ofrezca oportunidades a sus hijos, como en el pasado les ofreció oportunidades a nuestros abuelos que vinieron a la Argentina porque era el país que ofrecía un futuro.

En síntesis, Argentina tiene que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo. El camino para empezar a transitar esa reconversión hacia la cultura del trabajo serían estas 7 medidas mínimas a aplicar.

Que la dirigencia política argentina y la población se meta bien en la cabeza que no se va a salir con gente viviendo de planes sociales, sino trabajando. Crear las condiciones para volver a la cultura del trabajo es el primer paso para terminar con la larga decadencia argentina.

Fuente: Economia para Todos