En el marco de un año que no pasará desapercibido para ningún rubro de la economía, el presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de las Carnes (Ciccra), Miguel Schiariti, aceptó dialogar con Tranquera para analizar diferentes aspectos que hacen al futuro de la actividad y realizar un balance de lo que deja hasta el momento este convulsionado 2020.

–¿Cómo cambiaron, en Argentina, los hábitos en el consumo de carne vacuna durante la pandemia?

-El cierre de restaurantes, a causa de la cuarentena, produjo que dejara de comercializarse la carne que se consume en esos lugares, y que significa alrededor del 8% o 10% del mercado interno.

Mientras que el delivery se incrementó en la misma medida que en otros sectores. Pero no hay una gran cantidad de carnicerías que adopten esa modalidad, excepto alguna que otra cadena. Tampoco existe algo masivo como puede ser Pedidos Ya.

-Este año hubo nuevamente una merma importante en el consumo de carne vacuna en el mercado interno. ¿Cuál es tu análisis al respecto?

-Esa caída sucede desde hace bastante tiempo y 2020 es el peor en más de 9 años. Uno de los motivos principales es que un 40% de la población argentina trabaja de forma no registrada. Desde abril hasta julio, esos trabajadores, que con una changa compraban la comida para el día siguiente, no salieron más de sus casas.

Si medimos septiembre del 2020 comparado con el mismo mes del 2019, se produjo una baja de 1,5 kilos (per cápita). Estamos en unos 48,5 kilos (por habitante), cuando el año pasado eran 50. Si lo medimos respecto a septiembre del 2018, la merma es de 7,5 kilos.

En definitiva, el principal problema para el consumo de carne vacuna pasa por la pérdida del poder adquisitivo del salario. Esta depreciación del peso, de manera permanente, hace que los sueldos cada día valgan menos, sumado a que los convenios colectivos (de trabajo) fueron muy por debajo de los niveles de inflación. Sobre todo durante este último año.

-En tanto, el pollo y el cerdo han ido ganando terreno. ¿Cómo se explica esta tendencia?

-El pollo está entre 47 y 48 kilos. Mientras que el cerdo, que venía de los 12 o 14 kilos, ya debe estar en 20. Aunque tiene algo que ver con el precio, hay un cambio de hábitos de consumo. Hoy el cerdo no tiene detractores. En algún momento era mala palabra para los médicos, porque decían que era muy graso y tenía mucho colesterol, pero eso ya no ocurre. Cambió la genética y es sabroso, por eso la gente empezó a consumirlo más.

-Por otra parte, hubo un incremento, en Capital y GBA, en los precios de los cortes populares de carne de vaca, que según informaron ustedes desde Ciccra va en un promedio del 20%, y llegan al 32% en algunos casos. ¿A qué se debe?

-Esto ocurrió, básicamente, en marzo. Hubo una adecuación de precios. El valor de la carne venía muy atrasado y en la primera semana de ese mes hubo una paralización de la comercialización, (en protesta) por el aumento de las retenciones a los granos y la carne. Después hubo tres semanas de lluvias de 40 o 50 milímetros, lo que dificultó el ingreso de hacienda a los mercados. Esa caída de la oferta hizo que el precio aumentara un 20% inicial. Luego mantuvo esos valores y siguió incrementándose al compás de la inflación, entre el 1,5 y 2% (mensual) como el resto de los productos.

“HOY LOS FEEDLOTEROS ESTÁN PERDIENDO DE MANERA IMPORTANTE. PRÁCTICAMENTE NO ESTÁN REPONIENDO ANIMALES”

-¿La suba de los dólares paralelos repercute en el precio de la carne más allá del tipo de cambio oficial?

-Sí, afecta. La depreciación continua que sufre nuestra moneda hace que los productores al vender una jaula de “gordos” no quieran quedarse en pesos. Los terneros de recría, que empiezan a venderse en marzo, y que en ese momento valían entre 100 y 105 pesos (por kilo), pasaron a costar 150 pesos actualmente. Fue aumentando el precio de manera muy significativa, a causa de la presión de aquel que vendía animales terminados, que como no podía hacer otra cosa con los pesos, volvía a poner la plata en un producto que de alguna manera siempre, más tarde o temprano, mantiene su valor. Es decir, aumentó el costo de la carcasa para ponerle kilos.

Además la devaluación por un lado, y la sequía por el otro, provocaron que el maíz pasara a costar de 150 a 200 dólares. Hoy los “feedloteros” están perdiendo de manera importante, y por eso no tienen otra alternativa más que terminar la hacienda y venderla. Prácticamente, no están reponiendo animales.

-Concretamente, ¿de qué magnitud es esa pérdida que están sufriendo?

-Es de unos 25 pesos por kilo. Realmente es una locura.

-En otro orden de temas, ¿cómo viene la faena de este año en los frigoríficos?

-Hay un aumento del 2%. Además el año pasado tuvimos alrededor de un 3% más de nacimientos de terneros. No sé qué va a pasar en 2020, porque la sequía le pegó muy fuerte a la Cuenca del Salado, donde está la mayor cantidad de vacas para cría. Y hay un viejo dicho en el campo sobre que la vaca se preña por la boca, porque si deja de comer no ovula. Veremos en marzo del año próximo, cuando se vacunen todos los terneros, si crecieron o disminuyeron los nacimientos.

-Tras la importante pérdida de cabezas de ganado que hubo durante la presidencia de Cristina Fernández, ¿cómo está el país actualmente en ese aspecto?

-En 2008 teníamos 60 millones de cabezas. Pero “gracias” a la política de Cristina, que ejecutó (el ex secretario de Comercio) Guillermo Moreno, se perdieron 12,5 millones entre ese año y el 2009. Lo que representaba un 20% del stock ganadero. Así pasamos a tener 47,5 millones de cabezas. Mientras que hoy las estimaciones son de 53 millones. Recuperamos más de 5 millones, pero nos faltan otras 7 millones.

Comercio exterior

-Ya hablamos de las distorsiones que genera la brecha cambiaria en el mercado interno. ¿Pero cómo repercute en las exportaciones?

-El exportador, que comercializa normalmente, lo hace al oficial. Pero en este momento la brecha es tan grande que algunos que no tienen fábrica, como matarifes o incluso operadores del sector financiero, están exportando carne porque subfacturan. Por ejemplo, lo que vale 3500, lo facturan a 3000, y los restantes 500 los ingresan por un circuito paralelo o ilegal. Entonces, tienen un margen de 20 o 25 pesos por kilo.

Esta situación ha comenzado a interferir también sobre el mercado interno. Porque compran animales, que van habitualmente al consumo doméstico, para mandarlos a exportación. Esto se debe a que tienen un margen que antes no existía. Pero, insisto, esa es una comercialización fraudulenta, por llamarla de alguna manera, para esquivar impuestos.

Aunque los tradicionales exportadores no lo llevan a cabo. Lo están haciendo operadores que, una vez terminada la brecha, van a dejar de hacerlo. Incluso hay algunos “cueveros” jugando con esto. De hecho, hoy podés ver que en los medios se habla de “manos amigas” que salen a vender 200 mil o 300 mil dólares en el mercado paralelo. Esos son operadores que exportan con subfacturación y después la ingresan de otra manera, o bien importadores que sobrefacturan sus compras para conseguir una mayor cantidad de dólares al pecio oficial.

-Por otro lado, ¿cómo afectó la expansión del coronavirus al comercio exterior?

-La cuarentena dificultó la venta a destinos como la Unión Europea, porque la carne allí se consume principalmente en restaurantes, y no en los hogares. Entonces, prácticamente se cerró la exportación de carne a esos destinos.

Lo mismo pasó, al principio, en China, donde se cerraron hasta los puertos, porque no había quien manejara las grúas. Es decir, eso dificultó la logística para llegar a los mercados. Si bien después se fue resolviendo, al principio fue muy duro, porque cayeron las ventas a la mayoría de los países.

No obstante, este año las exportaciones (argentinas) serán similares a las del 2019. Vamos a terminar entre las 850 y 900 mil toneladas. Lo que ocurrió fue que a fines del año pasado, cuando empezó el problema en China, las ventas cayeron significativamente porque se cerraron los puertos. Mientras que, durante 2020, China ha comprado de manera importante desde el 1 de enero.

-EEUU es un destino de peso que se abrió para el sector. ¿Cómo puede seguir afianzándose esa relación comercial?

-Sin duda, Estados Unidos es un mercado importante. Aunque la cuota es solamente de 20 mil toneladas. Para dar una idea de magnitudes, EEUU importa un millón de toneladas y exporta otro millón. Así que 20 mil toneladas es una gota en el mar. Una vez que se cubre ese cupo, se puede seguir vendiendo, pero hay que pagar el 26% de aranceles. Por lo cual en ese caso ya se complica un poco.

Esas 20 mil toneladas ya se cubrieron, básicamente con carne para la industria. Ese producto, debido a que a principio de año bajó mucho de precio en China, comenzó a colocarse un poco mejor en EEUU.

De cara al futuro, Argentina debería lograr una comercialización de la carne en parrillas y demás yerbas. Pero armar una cadena de distribución, en un país tan grande como EEUU, es complejo. Hay empresas que están empezando a llegar con cortes. Aunque es un trabajo más lento, con la idea de que en 4 o 5 años quizás pasemos a exportar carnes de 10 mil dólares, en vez de 3 mil.

Es un mercado que estuvo cerrado 17 años y se abrió el año pasado, aunque prácticamente no se vendió nada en ese momento. Recordemos que partir del 2000 se clausuró por el ocultamiento de la aftosa. Mientras que durante el kirchnerismo la relación con EEUU no fue la mejor. Recién se pudo recomponer con (Barack) Obama y (Mauricio) Macri en 2016. A partir de ese momento, se aceleraron los procesos y (Donald) Trump terminó firmando el ingreso de carne.

-¿Cómo considerás que pueda impactar el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea?

-Ese acuerdo con la Unión Europea es muy importante para la Argentina. Hubo por parte de Francia una objeción muy fuerte con la excusa de la tala de bosques en Brasil. En realidad, los franceses no quieren que ingresen productos de Sudamérica porque ellos son absolutamente ineficientes en la producción de carnes y cereales. Si vieras como producen en Europa, realmente te daría lástima. No hay producción extensiva. Pero tienen una política de arraigo de los habitantes rurales y quieren defenderla a toda costa. Con una infraestructura muy importante, el asfalto les llega a la puerta de la casa en el campo y no hay problemas de caminos.

-¿Pero crees que el Gobierno nacional tiene intención de que el acuerdo se implemente?

-Con este Gobierno no sabemos. Los industriales y los productores queremos que esto funcione. Pero realmente no sé si Cancillería va a tener o no una actitud activa para que se avance con el tema. Porque además deben aprobarlo los parlamentos de los diferentes países. Hace falta una colaboración entre la política y los sectores económicos involucrados. También es fundamental que los importadores europeos trabajen a favor de esto, porque los productores franceses e irlandeses están absolutamente en contra.

Fuente: Tranquera