La coyuntura, sin lugar a dudas, está dominada por el flagelo de la pandemia.

Los mercados de mayor poder adquisitivo, a diferencia de otras oportunidades a lo largo de la historia, no está exentos. Por el contrario, casi se podría decir que son tan o más afectados que los más humildes.

Esta situación presiona a la baja al precio de todas las materias primas y, por supuesto, de la soja.

El cuadro de abajo muestra la baja que sufre la soja, después de haber alcanzado altos valores entre 2008 y 2014. Se ve claramente, el valle de la década del 90 y los primeros dos años del nuevo milenio.

Los precios están en bushels.


Como los valores de ésta y del maíz son principales sucedáneos del petróleo, también son afectados por la baja del precio del combustible. Tanto el precio de la soja y el maíz están sometidos por la caída en el precio del barril. El trigo parece que está afuera de la tendencia bajista.

Recordemos que la baja había comenzado un poco antes de la irrupción generalizada del coronavirus en el mundo.

La guerra entre Arabia Saudita y Rusia detonó una abrupta caída en los precios del combustible fósil.

Arabia Saudita decidió lograr participación en el mercado recortando los precios y elevar la producción a más de 10 millones de barriles por día.

Al poco tiempo, el coronavirus comenzó a socavar la demanda de energía en todo el mundo, pero especialmente en China, el principal importador de petróleo crudo.

Y la actividad del mundo comenzó a detenerse a un nivel nunca visto. Las industrias inactivas y miles de vuelos y transportes de pasajeros cancelados en todo el mundo conforman el cuadro que vive el mundo en esta suerte de impasse.

Respecto a este año, la contracción en la demanda de combustible resultará visiblemente superior a la recesión de 2009, que siguió a la crisis financiera mundial.

Los estados dependientes de la exportación de petróleo son los que están pagando muy caro este cuadro especialmente, Iraq, Irán, Libia y Venezuela.

Pero en medio de la desgracia, algunas naciones importadoras como China, India y Alemania obtienen un determinado beneficio. El caso de China alienta expectativas favorables a la demanda de soja.

El cuadro (DataMacro) muestra la abrupta y violenta baja del precio del combustible en los últimos meses. El año 2020 se inició con esta pendiente negativa.


Con relación a la soja, un recorrido similar muestra su precio, sobre todo a partir de fines de febrero de este año.

En forma, más precisa podemos advertir la baja en el siguiente gráfico.


Obviamente, influye en la baja el momento. Es que la cosecha avanza raudamente en Sudamérica, recién en estos últimos días hubo un alto.

Bueno…así están las cosas. Y ahora… ¿qué?

En principio, uno diría que estamos en el piso o muy cerca de él.

El flagelo de la pandemia irá cediendo una vez promediado el año.

La actividad comenzará a normalizarse.

China tendrá un fuerte aliciente para la importación de la oleaginosa.

Además, es probable que el peso (y no dentro de mucho) tienda a depreciarse con mayor fuerza.

Por eso, la esperanza de mejoras en los valores es alta.

Una cosa es bastante segura: no vender en el disponible ahora…. sí se puede.