Parece que algunos descubrieron la pólvora diciendo que la inflación es un tema monetario. Décadas y ríos de tinta hablando sobre el tema y resulta que ahora es toda una novedad formular esa afirmación. De la misma forma que no es una novedad que en televisión se hable del gasto público. Si tan exitoso es la novedad de hablar del gasto público en televisión, ¿por qué seguimos teniendo un gasto público asfixiante? No nos equivoquemos, las cosas no cambian tan fácilmente por recurrir a la vulgaridad para difundir ideas. El proceso de cambio en la economía es mucho más lento de lo que se cree y el primer paso se da en el campo de las ideas. También es falso que los únicos que pueden cambiar el país son los que se presentan a elecciones, es decir, los que participan de la política. Adam Smith, Keynes y Marx nunca participaron de campañas políticas como candidatos a presidente o algún otro cargo electivo y sin embargo tuvieron una fenomenal influencia sobre el rumbo económico e institucional de los países. Existe lo que se llama la división del trabajo, algo que Adam Smith describió en La Riqueza de las Naciones en 1776 y todavía tiene vigencia. Unos tienen ventajas comparativas para desarrollar ideas y difundirlas y otros tienen ventajas comparativas para participar en política. Ambos son complementarios. Uno no prevalece sobre el otro.

Ahora bien, yendo al tema inflacionario, hay mil teorías circulando con escaso fundamento, como por ejemplo la de los grupos concentrados, la denuncia de los que ganan “mucho” y por eso hay que controlar la rentabilidad para que no haya inflación, el típico argumento de la inflación de costos y, para no ir más lejos, hasta hace poco Carrió impulsó una ley de góndolas para que los productos se distribuyeran de determinada manera en las góndolas de los supermercados como forma de combatir la inflación. Es decir, dependiendo cómo se distribuyeran las diferentes marcas de dulce de leche en las góndolas, el IPC iba a dar más bajo. Todo un hallazgo.

Por ejemplo, en una época, Felisa Miceli, la ministro de Economía que se olvidó una bolsa con dinero en el baño de su oficina, decía que ellos no controlaban los precios sino que controlaban la rentabilidad, con lo cual estaba suponiendo que ella sabía cuál era la tasa de rentabilidad que tenía que obtener una empresa. Si superaba ese porcentaje máximo que ella definía como el adecuado, entonces actuaba el estado. Nunca dijo cómo definía la rentabilidad adecuada porque no es la mismo la tasa de rentabilidad que se le pide a una inversión en Holanda que en Argentina. El riesgo institucional es totalmente diferente. En Argentina le voy a pedir más rentabilidad, por mayor riesgo institucional, que en Holanda.

Por otro lado, si las tasas de rentabilidad no son libres, ¿cómo hace el inversor dónde hay una demanda insatisfecha? El innovador que descubre una demanda insatisfecha y es el primero en llegar al mercado a cubrirla obtiene rentabilidades superiores al resto de los sectores productivos porque es el primero en llegar. Luego otros los copian, aumenta la oferta de ese bien o servicio, baja el precio por competencia y la tasa de rentabilidad tiende a igualarse al resto de los sectores productivos. Por eso Hayek aclaraba que el mercado no es un lugar físico, sino un proceso de descubrimiento. Los agentes económicos tienen que descubrir dónde hay una demanda insatisfecha para invertir. Si las utilidades están reguladas, no hay posibilidad de descubrir demandas insatisfechas porque el burócrata impide que la señal tasa de rentabilidad sea transmitida a los agentes económicos para saber dónde invertir.

Respecto a los controles de precios basta con recomendar la lectura de 4000 Años De Controles De Precios y Salarios, Cómo no Combatir la Inflación, de Robert Schuettinger y Eamonn Butler, editado originalmente por The Heritage Foundation, donde recorre las historia de los controles de precios desde el mundo antiguo. Para que el lector tenga una idea desde cuándo vienen los controles de precios para combatir la inflación, citan el siguiente caso: “Y tan temprano como en la quinta dinastía de Egipto, generalmente ubicada en el año 2830 A.C. o antes, el monarca Henku había inscripto en su tumba, &"Fui señor y veedor del grano sureño en esta tierra&". Durante siglos el gobierno egipcio trató de mantener el control de la cosecha de granos, sabiendo que el control de la comida es el control de la vida. Utilizando el pretexto de prevenir el hambre, el gobierno gradualmente reguló más y más los graneros; la regulación llevó a la dirección y finalmente a la apropiación: la tierra se convirtió en propiedad del monarca y era rentada por él a los agricultores”.

Pero, ¿puede haber inflación de costos? ¿Cuántas veces se ha dicho que si sube el combustible sube todo? En realidad tendemos a confundir IPC con inflación, cuando en realidad no son exactamente lo mismo por el simple hecho que una canasta de bienes y servicios de una familia es totalmente diferente a la canasta de bienes y servicios de otra familia. Pero de nuevo, si la cantidad de moneda no aumenta y la demanda de moneda es constante, si sube el precio de un insumo la empresa puede no subir los precios y perder rentabilidad o bien subir el precio y vender menos cantidad o subir el precio, seguir vendiendo la misma cantidad pero, si la cantidad de moneda en el mercado es constante, algún otro bien será menos demandado y su precio tenderá a bajar. Es una imposibilidad física que todos los bienes y servicios suban al mismo tiempo si no hay aumento en la cantidad de moneda en el mercado o no disminuye la demanda de moneda.

Cuando muy livianamente se dice que el dinero es demandado para pagar impuestos, se deja al descubierto que eso no es demanda de dinero en el sentido de reserva de valor, es demanda de unos papeles impresos que algunos llaman moneda, pero que no sirven como reserva de valor.

Para que algo sea considerado moneda tiene que cumplir dos requisitos: a) ser ampliamente aceptado como medio de intercambio (no solo para pagar impuestos) y 2) ser reserva de valor. Si la moneda se derrite como barra de hielo en pleno verano, no es reserva de valor y por lo tanto no es moneda. Obviamente que si un papel impreso tiene reserva de valor, de ahí se desprende que sirve para hacer cálculo económico. Es decir, estimar costos y precios a en un período prologando de tiempo.

Pueden los precios aumentar todos al mismo tiempo si no hay emisión monetaria: sí. Para eso voy a insistir con el uso de un cuadrito que utilizo para dar clases sobre moneda. Con ese cuadrito se entiende el ABC del problema monetario.

El cuadro 1 muestro 3 casos de condiciones monetarias y qué pasa con el nivel general de precios.

Cuadro 1


La segunda columna muestra la cantidad de peso que hay en circulación. La segunda es la demanda de moneda, que es la cantidad de moneda que tenemos inmovilizados en el bolsillo y no usamos o tenemos escondidos en el tarro de galletas de la cocina por las dudas. La columna dinero para transacciones es la diferencia entre el stock de moneda que hay en el mercado y la que se guarda por las dudas. Luego está la columna con la oferta total de bienes y servicios y finalmente el precio promedio de la economía.

En el caso 1, si hay la demanda de moneda (dinero emitido que la gente no utiliza) está en 2.000 y los pesos en circulación son 10.000 lo que queda realmente para transacciones son 8.000 que divididos por las 800 unidades da un precio promedio de todos los bienes y servicios de la economía de 10.

Ahora, supongamos que disminuye de 2.000 a 1.000 la demanda de moneda. Es decir, la gente quiere tener menos dinero inmovilizado y que no aumentó el stock de moneda. La cantidad de dinero para transacciones pasó de 8.000 en el caso 1 a 9.000 sin que se hubiese emitido un solo peso. Por lo tanto, si la oferta de bienes es de 800 unidades, ahora al dividir el dinero para transacciones que subió a 9.000 el nivel de precios promedio de la economía aumentó a 11,3 por unidad sin que se emitiera moneda.

Finalmente el caso 3 muestra que si cae la demanda de moneda y al mismo tiempo disminuye la oferta de bienes a 700 unidades, el precio promedio de la economía sube a 12,9 sin que se haya emitido moneda.

Primera reflexión, aquellos que dicen que la inflación no es un tema monetario porque basta ver que el BCRA no emite moneda y los precios suben igual les digo: agarren los libros que no muerden y luego de estudiar moneda vean qué pasa con la oferta de bienes y servicios y la demanda de moneda para entender por qué suben los precios a pesar que el BCRA no emite. El poder adquisitivo de la moneda no depende solo de la cantidad de emisión monetaria. También es función de la demanda de moneda y de la oferta de bienes y servicios. Si el único bien en la economía fueran los zapallitos, no se emitiera moneda y fuese mala la cosecha de zapallitos, el precio de los zapallitos igual aumentaría.

Esto me lleva a sugerir la lectura de otro libro: La Historia del Dinero. De la Piedra Arenisca al Ciberespacio de Jack Weatherford y van a entender que la moneda es una mercadería como cualquier otra, con la característica de que es ampliamente aceptada como medio de intercambio y es reserva de valor. Si entienden este concepto básico, van a poder comprender cómo puede haber un cambio de precios relativos entre la moneda (una mercadería como cualquier otra) y el resto de los bienes y servicios de la economía. Ahí van a descubrir cómo puede aumentar el nivel general de precios si comprenden que hay un precio relativo entre la mercadería moneda y el resto de las mercaderías de la economía dependiendo de cómo se la demanda de la mercadería usada como moneda.

En síntesis, tuve la suerte de estudiar economía en la Universidad Católica Argentina cuando solo se veía a Keynes y nada de la escuela austríaca y poco y nada de la escuela de Chicago. Eso me permitió entender un lado de la biblioteca. Luego, por mi cuenta, leí el otro lado de la biblioteca y, con mente abierta, pude hacer análisis económico en forma científica en vez de hablar de economía como militante político, obsesionado por perseguir a fantasmas como los grupos concentrados, el coeficiente Gini, la distribución del ingreso y los malvados que quieren ganar mucho.

Finalmente, algunos “economistas” en vez de hacer análisis económico, terminan escribiendo historias de conspiraciones propias de los personajes malvados como Vito Corleone.

Fuente: Economía para Todos