Finaliza un año que muestra la importancia de retomar el papel protagónico de la ganadería argentina a nivel internacional. Después de mucho tiempo, volvió a ubicarse entre las principales exportadoras de carne y, con un volumen estimado en unas 550 mil toneladas para 2018, ya a noviembre aportó al país USD 1.800 millones, en un contexto de fuerte necesidad de divisas genuinas.

El aumento de las ventas externas fue incesante a lo largo del año e incluso hubo un fuerte salto en octubre y noviembre, con 60 mil toneladas mensuales embarcadas, cuando el trimestre julio-septiembre había promediado las 50 mil y el primer semestre 40 mil. Este ímpetu exportador continuó a pesar de la reimposición de retenciones y la casi desaparición de los reintegros. Entre paréntesis, esto también representó la ausencia de discriminación entre las carnes y el resto del universo de exportación, a diferencia de lo que fue habitual, casi siempre, en los últimos 90 años, con la excepción de la década de 1990.

A principios de año hubo una equiparación del precio en dólares del novillo argentino con el de sus vecinos, dejando de ser el más caro del Mercosur, nivel que sostuvo durante muchos años de descompetencia; y tras las devaluaciones de abril-junio y de agosto-septiembre terminó siendo uno de los más competitivos, lo que sumó oportunidades de negocios internacionales. Así las cosas, el país consolidó su posición como segundo en el ranking regional en materia de ventas al exterior de carnes detrás de Brasil, superando a Paraguay y Uruguay.

El punto culminante de 2018 se dio en el terreno de acceso sanitario a mercados, cuyo potencial se verá en años venideros. La histórica apertura de Japón a la carne patagónica a comienzos del segundo semestre y la más reciente de los Estados Unidos, tuvieron como correlato embarques casi inmediatos de cortes de alto valor a esos destinos exigentes, una muestra de coordinación entre los eslabones de la cadena.

Detrás de escena

Algo significativo es que el renacer exportador vino de la mano de un incremento de la faena que subió 8% en 2018, con una producción de carne 9% mayor. El stock vacuno continuó con su progresivo crecimiento y, al mes de marzo, arrojó un total de 53,9 millones de animales, un incremento de 500 mil cabezas con relación al año anterior. Las estimaciones indican que a lo largo de este año continuó el crecimiento de las existencias.

El precio de la hacienda en Liniers, que se fue recuperando en términos reales en la primera mitad del año, no pudo con la mayor inflación y perdió todo lo que había ganado. Desde septiembre, se anotó una baja a raíz de la recesión y el alicaído poder adquisitivo de la población. No obstante, está terminando en niveles comparables a los de hace doce meses, nada mal frente una estampida inflacionaria del 45%. Algo positivo es que se sostuvo el consumo interno, principal mercado de la ganadería argentina, permitiendo continuar con una ingesta de carne vacuna por persona récord a nivel mundial.

Todo esto se dio en un ciclo en que la ganadería estuvo afectada por sequías y excesos hídricos que impactaron en las decisiones de siembra de forrajeras. Sin embargo, el avance de los productores en prácticas de manejo, sobre todo en establecimientos de avanzada, demostró que es posible minimizar pérdidas y seguir adelante con la mejora productiva.

A través de las páginas de Valor Carne hemos mostrado cómo establecimientos que habitualmente producían para consumo lograron novillos Hilton mediante planteos pastoriles eficientes, con invernadas cortas, en una época que permite hacer kilos baratos, contribuyendo a que el país haya podido embarcar casi el 100% de la cuota, después de una década de incumplimientos.

En cuanto al feedlot, el estudio Elizalde&Riffel confirmó que los planteos que integran recrías de seis a ocho meses con terminación a corral generan resultados económicos superiores que el engorde directo de terneros, de igual modo que en años anteriores. Otro dato positivo, en tiempos en que la carne argentina tiene nuevas oportunidades en el mundo.

Innovación colectiva

La inversión abarcó a todos los eslabones de la cadena y muchas veces fue producto la sinergia entre diferentes actores de la ganadería.

Un ejemplo es la investigación realizada por un grupo CREA, el INTA y la FAUBA que permitió identificar entre una treintena de toros a aquéllos que con menor consumo de pasto o grano producen la misma cantidad de carne que sus pares. La importancia de este desarrollo radica en que se trata de un atributo heredable de alto impacto económico, que abre nuevos horizontes para la mejora genética.

Otro logro público-privado fue una nueva vacuna contra la diarrea viral bovina, mediante una tecnología única en el mundo, que más allá de producir anticuerpos capaces de neutralizar el virus, permite distinguir animales inmunizados e infectados, clave para un futuro plan nacional de erradicación de la enfermedad.

La alta calidad de la tecnología argentina fue convalidada también por los mercados internacionales. Y, en ese sentido, la vacuna antiaftosa que ya se exportaba a Taiwan y Corea del Sur, después de cuatro años de gestiones privadas y de distintos estamentos del Estado, en este 2018 llegó a Vietnam, país que cuenta con uno de los stocks de porcinos más importante del sudeste asiático.

El nuevo sistema de clasificación de la hacienda y tipificación de reses sancionado a fines de 2018, que hará foco en la calidad, también fue producto del consenso público y privado. Asimismo, en fiscalización, se dieron pasos importantes como la implementación del sistema de información de operaciones de compra-venta de carne, el remito electrónico, el registro de carnicerías y el centro de monitoreo de los controladores de faena, iniciativas que buscan brindar reglas equitativas para todo el sector.

La mejora en el ambiente del negocio se reflejó en la modernización de plantas frigoríficas, especialmente exportadoras y algunas consumeras que, según fuentes de la actividad, colocan a la industria local en la avanzada tecnológica a nivel mundial. Existe una ola de inversiones muy importante que apuntan a aumentar su capacidad de faena, despostada, frío y depósitos, lo que permite prever una mayor demanda de hacienda.

En materia de negociaciones internacionales, en un mundo cada vez más proteccionista, se transitan circunstancias difíciles. El Mercosur, no pudo avanzar en la negociación con la UE, que se está demorando peligrosamente. Además, está en curso una negociación UE-EE.UU. sobre la cuota 481 que puede afectar derechos argentinos y de los otros proveedores, sin que los gobiernos de estos países desarrollen estrategias paliativas en forma conjunta. En tanto, la cumbre del G-20 en Buenos Aires, fue aprovechada para seguir avanzando en mejorar el acceso a los mercados. Entre ellos se busca la apertura de Japón al a la carne del Norte del Río Colorado, libre de aftosa con vacunación, a similitud de lo ocurrido recientemente con Uruguay, lo que sería un logro de enorme importancia.

Si algo se debe resaltar de este 2018 es la fortaleza de la cadena cárnica y la inteligencia colectiva para superar los numerosos desafíos que se debieron atravesar en este año turbulento. El USDA tomó nota de esta realidad y ya proyectó que el crecimiento de los embarques el año entrante será el más alto de entre los principales exportadores internacionales. Desde Valor Carne, nuestro deseo es que la ganadería argentina siga potenciando sus capacidades y transforme cada oportunidad en mayor productividad.

Fuente: Valor Carne